La IA está creciendo más rápido que los esfuerzos para hacerla sostenible. Al menos eso parece sugerir el último reporte de Google que estableció como su demanda de electricidad creció 37% durante 2025, el mayor aumento anual registrado por la compañía.
La cifra aparece en su undécimo informe ambiental, publicado el 30 de junio de 2026, y viene acompañada de una admisión que interesa a cualquier ciudad que hoy negocia la llegada de un centro de datos: la empresa reconoce que su construcción de infraestructura de inteligencia artificial avanza más rápido de lo que se descarbonizan las redes eléctricas.
En el mismo periodo, Google redujo 2% las emisiones de sus propias operaciones, es decir, lo que quema directamente y la electricidad que compra para funcionar. La compañía afirma haber igualado el 100% de su consumo eléctrico con compras de energía renovable por noveno año consecutivo y haber firmado durante 2025 acuerdos por más de 12 GW de energía limpia nueva, un volumen que ella misma compara con lo necesario para abastecer a un país del tamaño de Grecia durante un año.
Las emisiones bajan donde Google compra y suben donde fabrica
El resto del inventario cuenta otra historia. Las emisiones que Google no genera en sus instalaciones sino en las de sus proveedores crecieron 25% frente a 2024, y la empresa las atribuye a la fabricación de servidores y equipos, su transporte y la construcción de centros de datos, en cadenas de Asia Pacífico conectadas a redes con poca oferta de energía sin carbono.
ESG Dive reportó que la huella de carbono total contabilizada por la compañía subió 18% interanual y quedó 81% por encima de la línea base de 2019, el año contra el que Google mide su meta de cero neto a 2030. Ese 18% de aumento convive con la caída de 2% en las emisiones propias que Google destaca en su comunicado, y las dos cifras son correctas: miden cosas distintas.
Los proveedores concentran el 80% de todo lo que emite la empresa, así que el alza en esa parte anula cualquier mejora en la electricidad que compra para operar. Sus emisiones directas subieron 20%, por la expansión del portafolio de centros de datos y el mayor uso de combustible en generadores de respaldo.
El promedio de energía libre de carbono en sus operaciones fue de aproximadamente 65% en 2025, prácticamente igual al 66% de 2024. «El desarrollo de nuestra infraestructura de IA se está acelerando más rápido que la descarbonización de la red«, escribió Kate Brandt, directora de sostenibilidad de Google, en el blog corporativo que acompañó el informe.
El mismo cuello de botella, con tarifas latinoamericanas
La brecha entre demanda de cómputo y capacidad de red no es un problema exclusivo del hemisferio norte. En Chile, donde Google opera su centro de datos de Quilicura, el Coordinador Eléctrico Nacional proyecta que la demanda eléctrica asociada a centros de datos pase de unos 325 MW en 2025 a más de 1.200 MW hacia 2030.
Colombia llega a esa discusión desde otra escala. Javier Meléndez, gerente de Planeación de Servicios Corporativos y Datacenter de Claro, señaló en mayo de 2026, durante una cumbre en la Universidad de los Andes, que el país ocupa el cuarto lugar regional en capacidad, con 41 instalaciones y cerca de 100 megavatios instalados.
Su diagnóstico sobre el freno principal fue tarifario: mientras Brasil y Chile ofrecen valores cercanos a 0,06 dólares por kilovatio hora, en Colombia la cifra puede duplicarse.

